El muchacho atravesó el desierto y llegó al monasterio de Sceta, donde solicitó presenciar las charlas del abad.
Aquella tarde, el abad reflexionó sobre la importancia del trabajo de labranza.
Al fina, el joven comentó: "Me he quedado impresionado. Pensé que escucharía un sermón iluminado sobre las virtudes y los pecados, y el abad sólo habló de tomates, irrigación y cosas por el estilo. En el lugar de donde vengo, todos creen que Dios es misericordia, que basta con rezar".
El monje le respondió: "Aquí nosotros pensamos que Dios ya hizo su parte, y que ahora nos toca a nosotros continuar el proceso".
De todo un poco, o simplemente una insinuación. Mi lugar para insinuar con todo. Y de paso para no olvidarme lo que me va pasando. Tal vez verdades, tal vez simplemente locuras, tal vez sólo la cáscara exterior, que tiene en otro lugar contenido.
Un escape cotidiano de las toxinas del japonés Shiga. Un escape para no olvidar tantas lindas postdatas con las que me voy cruzando.
domingo, febrero 21, 2010
Uno cortito ...
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