domingo, febrero 21, 2010

Uno cortito ...

El muchacho atravesó el desierto y llegó al monasterio de Sceta, donde solicitó presenciar las charlas del abad.
Aquella tarde, el abad reflexionó sobre la importancia del trabajo de labranza.
Al fina, el joven comentó: "Me he quedado impresionado. Pensé que escucharía un sermón iluminado sobre las virtudes y los pecados, y el abad sólo habló de tomates, irrigación y cosas por el estilo. En el lugar de donde vengo, todos creen que Dios es misericordia, que basta con rezar".
El monje le respondió: "Aquí nosotros pensamos que Dios ya hizo su parte, y que ahora nos toca a nosotros continuar el proceso".

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