Un maestro ofrece un melón a su discípulo.
-¿Cómo encuentras este melón? -le pregunta
- ¿Tiene buen sabor?
-¡Sí, sí! ¡Muy buen sabor! -responde el discípulo.
El maestro le plantea entonces la pregunta:
-¿Qué tiene buen sabor, el melón o la lengua? Esta historia es un koan muy interesante.
El discípulo reflexiona, se complica y responde:
-Este sabor proviene de la interdependencia, no solamente de la del sabor del melón y la de la lengua, sino igualmente de la interdependencia de…
-¡Idiota! ¡Triple idiota! -le corta el maestro encolerizado.
-¿Por qué complicas tu espíritu? Este melón está bueno. Su sabor se explica por sí solo. La sensación es buena. Eso basta.
Los pensamientos personales limitan, categorizan y complican.
De todo un poco, o simplemente una insinuación. Mi lugar para insinuar con todo. Y de paso para no olvidarme lo que me va pasando. Tal vez verdades, tal vez simplemente locuras, tal vez sólo la cáscara exterior, que tiene en otro lugar contenido.
Un escape cotidiano de las toxinas del japonés Shiga. Un escape para no olvidar tantas lindas postdatas con las que me voy cruzando.
jueves, julio 25, 2013
#cuento El sabor del melón
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