| Rubens - La caída de Ícaro |
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Hay límites. Somos seres limitados en primer lugar en el tiempo (nuestra finitud), y en el espacio (sólo podemos estar en un lugar a la vez). A lo largo de la vida conoceremos más limitaciones (físicas, geográficas, biológicas, históricas, económicas, de salud, etcétera). Ellas nos dirán que no se puede todo. Hay que elegir. Quien elige con conciencia, sabe que cada opción tiene consecuencias, y si se hace cargo de ellas, es libre. Libertad no es carecer de condicionamientos, sino ejercer la capacidad de elegir ante las restricciones naturales de la vida....
El alcance señala lo que podemos. El límite nos dice hasta dónde. Poder volar muestra el alcance de la creatividad de Dédalo. La trágica muerte de Icaro es el producto de no admitir lo imposible.
"La clave de la felicidad radica en amarse en la propia limitación y también en amar a los otros con sus límites. No siempre resulta sencillo, ya que preferimos desarrollar imágenes de nuestra ilimitación", dice el sacerdote benedictino Anselm Grün, en Límites sanadores.
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Es posible que el origen de este modo compulsivo de vivir esté en el vacío existencial. Quien encuentra en su vida un sentido, quien se detiene en cada paso dado y se maravilla de lo conseguido, quien descubre en el otro un límite necesario y lo respeta a través del ejercicio de los valores de la convivencia, quien agradece las herramientas de las que dispone y no maldice por las que carece, encontrará su medida y su lugar en el mundo, su razón de ser, su sentido. De lo contrario, acentuará la compulsión.
No llorar sobre la cera derretida
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